lunes, 16 de febrero de 2026

De una fugaz pasada por Anderson y Baudrix

De una fugaz pasada por Anderson y Baudrix

Alfredo Armando Aguirre


Fue por el verano austral de 1986. En el marco de una larga marcha que inicié en Lobos y terminé en San Andrés de Giles. Una larga marcha que hice a pie, mochila al hombro.

Uno de los tramos fue entre 25 de Mayo y Araujo. En el tramo anterior hecho entre Pueblitos y San Enrique, ya iba en la búsqueda de una clase especial de ramales ferroviarios abandonados, como efecto de ese crimen de lesa humanidad aun impune, cual fuera el llamado Plan Larkin, que fuera entregado a la Administración Frondizi, que lo había encargado, en febrero de 1962, poco antes del derrocamiento de ese controvertido personaje de la política argentina.

Esos ramales, eran una suerte de derivados de alguna línea principal que habían sido autorizados por una ley especifica, en la época de esplendor ferroviario que concluyó con el estallido de la Primera guerra Mundial, aunque mantuvo alguna inercia por casi tres décadas más pero decreciente.

Se entiende que esos ramales, suponían que en sus “puntas” se generaría carga.

Bueno: ya habíamos llegado a San Enrique, donde nos hospedamos en esas casas de familia que daban alojamiento y comida en esas pequeñas poblaciones. Y después de haber hecho un “tramo de enlace” en colectivo hasta 25 de mayo, me apresté a ir desde allí hasta la punta de otro de esos peculiares ramales: Anderson, donde terminaba el ramal que se desprendía en Gorostiaga de la línea Sarmiento (Ex Ferrocarril Oeste).

Vale acotar que había salido con un plan previo, consultando los mapas disponibles (El Google Earth entonces no existía). En 25 de Mayo, gente conocida, nos dio las orientaciones de como llegar a Anderson. En ese entonces hacia las travesías caminando una hora y descansando 5 minutos. En la provincia de Buenos Aires, por su peculiar división en “partidos” hay una concentración en las ciudades cabeceras de los mismos, que torna difícil encontrar alojamiento en las pequeñas poblaciones. Allí, uno queda librado a la buena voluntad de la gente.

Bueno, lo concreto es que nos metimos por los caminos de tierra y haciendo alguna que otra pregunta, y consultando las señales viales añejas que la Dirección de Vialidad provincial había hecho en parceria con YPF y el Automóvil Club, llegamos a lo que quedaba de Anderson. Esas puntas de riel, tenían un “triángulo de vías” para dar vuelta la locomotora que llevaba los trenes, generalmente “mixtos”, hasta allí. Para ese entonces muchas de los edificios de esas pequeñas estaciones, estaban alquilados a personas del lugar.

Satisfecha nuestra curiosidad empezamos a buscar la salida de Anderson y a menos de tres kilómetros, detrás de una fila de árboles de gran altura, nos encontramos con lo que quedaba de la estación Baudrix que pertenecía al Ferrocarril Midland inaugurada en 1910, que luego pasara a formar parte del Ferrocarril Nacional General Belgrano, y desde 1954 hasta la “Revolución Libertadora” formara parte del Ferrocarril Nacional de la Provincia de Buenos Aires.

En este verano austral de 2013, no recordamos bien si esa estación estaba o no ocupada. Sí nos recordamos que en su playa de carga, había unos galpones de zinc, con la leyenda “Apoye el Segundo Plan Quinquenal” (Es decir el plan de gobierno 1953-1957, aprobado por Ley 14.184, y abortado por el golpe de estado de 1955). Recordamos que era mediodía y el boliche frente a la estación estaba cerrado. Allí fue donde sentimos la picazón de una avispa. Picazón que cualquiera que la haya experimentado, sabrá lo dolorosa que es. De algún lugar había sacado, que con orín, se podía aplacar el dolor y eso hice. Surtió efecto.

Retomamos la marcha, paralelo a la vía del Midland ya levantada y así luego de cruzar el camino pavimentado que va de 25 de Mayo a Bragado, llevamos a una casilla de Vialidad Municipal en Araujo. De eso ya hemos escrito tiempo atrás.

 

Cada vez que tengo la ocasión de escribir, a estímulo del Aparcero Coiro -alma mater del emprendimiento telemático “Inventiva Social”- y hacerlo sobre temas ferroviarios, se me revuelven las tripas con lo que hicieron con los ferrocarriles en Argentina. Todo para ser funcionales a los planes del complejo caminero automotriz. Ese proceso se dio en otros países pero no tan alevosamente como en Argentina.

Y encima algunos quieren hacer pasar por héroes a los responsables de unos de los actos más desestructurantes que padeció el país.

Tomamos contacto con el documento, conocido como Plan Larkin allá por 1972. No sabemos cuantos de los que se refieren a él lo han leído. Era evidente que el plan solo quería justificar el levantamiento de ramales y la clausura de servicios para seguir pavimentando los caminos ya dispuestos por el plan decenal de 1934-1954, reglamentario de la ley de vialidad 11658 de 1932.

Nos consta que hubo protestas y hasta una huelga de parte de los gremios ferroviarios. También nos consta la complicidad de “fuerzas vivas” que pedían caminos pavimentados por doquier y después terminaron lamentándose porque les sacaban el tren y porque se le inundaban sus campos...

Era evidente que no se estudió, como se haría actualmente, el impacto socioeconómico de esa vesania.

Nuestra fantasía seguirá alimentándose con la ilusión  que esas construcciones y las actividades que desencadenaron, están anidadas y volverán a la vida cuando las circunstancias decidan que es tiempo para el fruto....

 

(Salvador do Sul, RS, 2 de enero de 2012).

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