Mostrando entradas con la etiqueta Provincial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Provincial. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de julio de 2026

Estación Los Eucaliptos

Estación Los Eucaliptos

Alberto Di Matteo 

El amigo Coiro acaba de enviarme otro mail, encargándome un nuevo texto para InvenTren. Luego de la grata experiencia de volver al ruedo literario hace quince días, la tarea no amenaza ser dolorosa. Siento los dedos más sueltos que cuando encarase la fantasía cómica de Estación Funke, pero el ojo de la imaginación no me encuentra en mi mejor momento. Por lo tanto, releo el título de la Estación y me dejo llevar una vez más por la asociación libre.

Coiro me envía videos de YouTube donde un par de nostálgicos han filmado los actuales paisajes de la ex Parada Los Eucaliptos, perteneciente al extinto Ferrocarril Provincial. Lugares campestres que apenas dejan vislumbrar la presencia del hombre a través de algunas casas, varias tranqueras, y mucha ruina. Al menos, reconforta ver que las imágenes brillan bajo un sol pampeano que se intuye cálido y esperanzador.

Entonces recuerdo algo que me retrotrae en el tiempo, quizá imbuido por el aura desoladora de lo que fuera y ya no es, del pegajoso ámbito de precariedad que me transmiten los espacios vacíos del terreno donde alguna vez existió una estación, con telégrafo incorporado. Los Eucaliptos también se llama un barrio del conurbano bonaerense emplazado en el Municipio de Quilmes, donde hace casi diez años realicé visitas domiciliaras motivadas por mi trabajo como psicólogo perteneciente a la Secretaría de Niñez y Adolescencia de la Provincia de Buenos Aires.

En aquel entonces, tomé otro ramal ferroviario, el eléctrico hacia Florencio Varela, desde donde combiné con un colectivo para llegar hasta la esquina del semáforo de Avenida La Plata y Lamadrid. Mi compañera Natalia arriba pocos minutos después con su auto, y una vez que estaciona, nos saludamos en la vereda, subiéndonos hasta el cuello los cierres de las camperas.

¿De veras estás listo, Albertito? ¿O vas a arrugar antes de entrar? —me provoca ella, con una risita. —¿La verdad? Ni sé cómo te animás a venir.

Si llegamos hasta acá, no me voy a echar atrás. Además, si nos pasa algo malo, me vas a defender vos…

Caminamos con sigilo hacia el hueco entre ambos edificios de tres plantas, donde se abre la entrada hacia la villa, sita en el corazón de la manzana: la mayor cocina de paco del conurbano.

El panorama es decadente. Mugre y abandono impactan a la vista, así como los jóvenes tirados contra los cimientos de las casas, hundidos en el tanático sopor del consumo. Naty ahoga por un rato el buen humor y avanza segura sin mirar demasiado alrededor, sabiendo de antemano cuál es la casa en la que debemos entrar. Yo espío de reojo, sin perder detalle, pero al mismo tiempo queriendo pasar desapercibido a cada paso que damos, mientras nos internamos en terreno desconocido.

En el domicilio señalado, ya hay gente de pie junto a la puerta. Con Naty nos ponemos en guardia, pero disimulando. Estos de la puerta deberían estar durmiendo, y no amanecidos. Los rumores acerca de la proliferación de los “tranzas” en el domicilio de arresto del joven posiblemente sean ciertos.

Buen día —saluda Naty, sin cordialidad, ni vacilación. —¿Christopher se encuentra?

¿Quién lo busca? —desafía un morocho, con una gorra de Boca y mirada torcida.

Somos del Centro de Referencia. Venimos por una entrevista.

¿Para qué? —insiste el de la puerta.

Para ayudarlo antes de que vaya preso —sostiene Naty. —¿Vos sos el padre?

Con un movimiento de cabeza, el de la gorra de Boca le indica al otro, con camiseta del Barcelona y ojos irritados, que entre en la casa, sin quitarnos la vista de encima. Naty me mira, yo arqueo las cejas, dudando. ¿Será factible realizar la visita, o mejor volvemos en otro momento? ¿Qué nos diría Liliana, nuestra coordinadora? Que no salgamos con un día de tormenta como éste, eso seguro.

El de la camiseta del Barcelona vuelve enseguida, acompañado por una mujer teñida de rubio y con anteojos recetados, ajenos a este entorno social.

Buen día, ¿cómo están? —nos saluda la madre, afable. —Pasen, sin vergüenza.

¿Podemos? —dice Naty, mirando de arriba abajo a los “custodios” de la entrada.

Sí. Déjenlos pasar, son de confianza —informa ella, y los jóvenes se apartan.

Ingresamos en una habitación indescriptible, oscura y desordenada más allá de cualquier imaginación. Nos acercamos a una mesa pero permanecemos de pie. No hay niños a la vista. La inquietud (y el aroma de la marihuana) impregnan el ambiente.

¿Y su hijo? ¿Se levantó? —dice Naty, intentando contener la respiración, creyendo que sería mala idea sacar el celular para tomar con discreción una foto de la escena.

Ya le aviso que están acá —señala la madre, antes de retirarse por un recodo.

Miro por sobre mi hombro; ambos “custodios” han entrado y nos vigilan la espalda. De pronto, maldigo la idea de acompañar a Naty a hacer justamente esta visita, maldigo la idea de que cualquiera de nuestras compañeras deba internarse en lugares riesgosos como éste, maldigo la idea de estar a punto de padecer la peor experiencia de vida desde que ingresara a este trabajo.

Esmirriado y ojeroso, Christopher se levanta de mala gana, belicoso y angustiado a la vez. Nos contempla extrañado, repudiando la visita.

¿Otra vez? —increpa a Natalia, al verla de nuevo en su casa.

Esta, y muchas otras veces —responde ella. —Te recuerdo que por esta causa debes cumplir un arresto domiciliario, por el que tengo que visitarte todas las semanas.

¿Y por qué no me hace todas las preguntas juntas? Así la veo una vez por mes.

Porque tengo que saber cómo estás llevando el arresto, todas las semanas —reitera Naty, segura. —¿Te molesta mucho que venga?

Por favor, señora —concilia la madre. —No le haga caso. Su presencia no molesta.

A su hijo parece que sí.

¡A mí me jode que vengan a molestar a cada rato por algo que yo no hice! —estalla Christopher.

Si no hiciste nada, ¿por qué no colaborás? Así se te hace más fácil transitar esta causa —intercedo yo, casi con suavidad. —¿Cómo la venís pasando?

¡Me tienen todos harto!!! —grita Christopher. —¡La yuta por pegarme, los jueces por acusarme, mi viejo por dejarme, y mi vieja por querer internarme por drogón!!! ¡No le importo a nadie!!! ¡Encima vienen Uds. a cada rato, a joderme por las cosas que hago!!!

Pero dijiste que no habías hecho nada… —le señalo, sin rematar la frase.

Él siempre se pone así… —lo disculpa la madre. —Ya no sé qué hacer…

¡Pitu!!! —exclama el de la gorra de Boca, por sobre el hombro de los agentes de la Secretaría de Niñez y Adolescencia. —¡Vos sabés que te bancamos a muerte!!!

Bueeenooo… ¿Qué tal si nos calmamos? —advierte Naty, mirando a todos en derredor, y dirigiéndose hacia los “custodios”: —¿Uds. podrían dejarnos un ratito a solas con la familia? Cuanto antes terminemos, antes nos vamos.

Chicos, por favor… —comienza la madre, pero la interrumpe el de la gorra de Boca.

¡No le rompan más las pelotas al Pitu!!! ¡Que acá en el barrio tiene aguante!!!

Nos miramos con Natalia; será mejor que nos vayamos. Esto no da para más.

Muy bien; como Uds. quieran —dice Naty, bajando la mirada y extrayendo de su carpeta verde claro la planilla de visita que debe firmar el joven de referencia.

¿No entendés, rubia? —exclama el de la gorra, cada vez más exaltado, y le quita la planilla de un manotazo, haciendo un bollo y arrojándola a un costado. —¡Tomatelás!!!

Está bien, tranquilo… —retrocedo, con las palmas de mis manos en alto. —No jodemos más, ya nos vamos.

¡Sí: andate vos también, anteojito!!! —exclama el de la gorra, tirando otro manotazo con la palma abierta, impactando sobre la pechera de mi campera.

El de la camiseta del Barcelona parece despertarse de golpe, queriendo sumarse a la provocación. La madre del joven quiere interceder, dirigiéndose alternativamente a cada uno de los jóvenes y a su hijo, pero nadie la escucha, ni siquiera yo, concentrado en ambos “custodios”, con mirada penetrante, bajando ambas palmas, preparado para lo que sea.

De pronto, el clima de tensión se quiebra al arrojar Christopher la primera piedra, al grito de:

¡Váyanse de una puta veeez!!! —empujando a Natalia, quien trastabilla, agitando los brazos, y cae de costado en manos de los “custodios”.

El tiempo parece detenerse. Comienzo a registrar la escena a mi alrededor como si transcurriese en cámara lenta, sin perder detalle. De una rápida reacción dependerá la integridad de ambos. Si pienso demasiado, quedaré paralizado en el lugar, expuesto a cualquier ataque. Por eso, me obligo a liberar la tensión acumulada, y salir de allí a como dé lugar.

Lejos de cualquier fantasía, ajeno a mi particular pantalla profesional, doy un veloz paso adelante y lanzo un puñetazo con la derecha, directo a la nariz del de la gorra de Boca, sintiendo el crujido del tabique, mientras abro la mano izquierda y empujo la cabeza del de la camiseta del Barcelona contra la pared, mientras Naty se escurre hacia el piso, logrando zafarse de los brazos de ambos “custodios”. Christopher se lanza hacia nosotros en medio de un aullido, y antes de que yo consiga girar para enfrentarlo, Naty salta desde el piso, embistiendo al joven con ambas manos, para que ambos caigan de rodillas.

Vuelvo a mirar a los “custodios”: el de la camiseta del Barcelona vacila, aturdido por el golpe y el consumo; el de la gorra de Boca se tambalea con la nariz rota, la boca llena de sangre, y mirada de odio. Antes de que siga reaccionando, vuelvo a pegarle, esta vez en la mandíbula, sintiendo un intenso dolor en los nudillos, pero logrando noquear al joven, quien cae de espaldas contra la pared.

Christopher intenta ponerse de pie; Naty, de rodillas, aferra un vaso de la mesa y lo impacta contra la cabeza del joven, mientras se incorpora, dispuesta a correr. De costado, yo percibo su movimiento y la tomo de un brazo, tirando de ella hacia la puerta, mientras manoteo el picaporte y salimos a los tropezones, intentando recuperar el equilibrio.

¡Los voy a denunciar!!! —grita la madre de Christopher, mientras escapamos.

Afuera, negras y amenazantes, las nubes de tormenta se aplastan sobre los techos de los edificios, rasgadas por los primeros relámpagos, convirtiendo la escena en un espectáculo de pesadilla. El miedo, los nervios, la frustración, se conjugan para impulsarnos a correr, rogando que nadie se levante de ningún zaguán para salirnos al cruce. El terreno irregular de los cincuenta metros que nos separan de la calle nos hace tambalear en la carrera, sin soltarnos de las manos, llevando un ritmo que intenta ser parejo, sintiendo el mayor deseo de escapar que hayamos imaginado jamás.

El primer cascotazo impacta sobre mi hombro derecho, muy cerca de mi cabeza. El segundo contra la pantorrilla izquierda de Natalia. Los últimos impactos nos pican cerca, sin alcanzarnos, pero ambos, entre insultos y sin dejar de correr, oteamos hacia atrás, buscando a nuestros agresores. Es el “custodio” de la camiseta del Barcelona, aún mareado, cuya figura se destaca en la penumbra de la mañana por un fogonazo estelar.

Un trueno descomunal nos aturde al llegar a la vereda, girando en un recodo y quedando bajo la protección de los edificios lindantes a Lamadrid. Seguimos corriendo hasta el semáforo, volviendo la cabeza para vigilar que nadie nos siga. El contacto con los vehículos y las luces de la avenida parece devolvernos a la realidad, aunque no tanto como para detener la carrera: intento cruzar Avenida La Plata sin mirar, y casi soy arrollado por un auto blanco, que frena con un chirrido, sin golpear mis pantorrillas.

¿Dónde vas, boludo??? —grita Naty, tirando de mi brazo, a fin de retenerme cerca de la vereda, y liberando toda la angustia. —¡Lo que me faltaba para completar este puto día!!! ¡Que te me mueras!!!

Yo respiro agitado al borde de la vereda, mientras ella saca su celular para llamar al Centro. Y aturdido, con la boca pastosa, intentando una sonrisa, flexionando el torso y tomándome de las rodillas a fin de recuperar el aliento, le susurro:

Yo con vos no salgo más…

La imagen se va desdibujando, mientras regresan las tomas de video captadas por el celular del youtuber, el rasguido del viento contra el micrófono de ese celular, la voz del ignoto narrador… Y los eucaliptos de la pampa, mudos testigos de una zona ferroviaria donde otro país fuera posible, en el que (entre muchas otras cosas) el consumo de sustancias problemáticas no hundiese a los adolescentes en el cruel manotazo de ahogado del delito.

sábado, 13 de junio de 2026

Black Mirror


Black Mirror


Urbano Powell


Llegué tarde para "El amante ingenuo y sentimental".

Siempre llego tarde...no solo a tomar un tren. Pero esta vez no me cerraron el ferrocarril como décadas atrás. El siguiente Tren se denomina "Black Mirror" y sale dentro de dos horas.

Dedique una buena parte del tiempo de espera a preguntar y entender.

Los trenes dependen del ministerio de Cultura. Las líneas de trenes recuperadas como el Provincial, el Midlands y el Compañía General -entre otras- son consideradas como trenes de fomento. Son un bien social. Tienen el objetivo de la difusión cultural en un plano de igualdad al  aporte benéfico a la economía de pueblos que recorren.

El Black Mirror es un tren temático dedicado a la serie, lo que incluye ver sus capítulos en el vagón de cineclub con un rato posterior de debate moderado.

Como "El Amante ingenuo y sentimental" los trenes llevan como nombre el título de un libro, una serie de culto o un autor.

Pregunté lo obvio: si existía el "Jorge Luis Borges", me contestaron que desde luego, pero no en esta línea sino en el Midlands, un tren nocturno que corre los fines de semana desde Puente Alsina, bien cerca del Riachuelo –nuestro espejo negro- que día y noche hace su espejo de luces y sombras entre ambas Riberas, hasta la terminal en Carhue ciudad cabecera del partido de Adolfo Alsina.

Letizia, de informes y turismo me da otro dato:

Algunos pasajeros relacionan a la serie Black Mirror con textos de Borges...  hay una curiosa coincidencia geográfico - temporal: los sábados y domingos ambos trenes se cruzan en la estación triangular de Ingeniero De Madrid y los pasajeros pueden hacer combinación: bajarse del provincial e ir a Carhue con parada en sus intermedias, o bajar del Midland e ir hasta Mirapampa o cualquiera de sus estaciones intermedias.

-Me dio cierta felicidad adolescente la idea de bajar del Black  y subir al Borges.

Puede que después de ver un par de capítulos de Black Mirror siga de largo hasta Ingeniero de Madrid y allí suba al Borges con ánimo de releer en el viaje "El Jardín de los senderos que se bifurcan" o "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius".

De Álvarez de Toledo, solo veré un cartel con el nombre. Una estación a la medianoche Más allá, por sus calles se verán luminarias orbitadas por insectos.

sábado, 6 de junio de 2026

La reparación

La reparación


Eduardo Francisco Coiro


He soñado una y otra vez en tantos años con el tren que debía tomar y no tomé a mediados de 1978.

No tenía un buen minuto. Hacía una semana que me habían liberado de un campo de concentración de la dictadura. Caminaba aterrado de que me volvieran a meter adentro.
Sabía de memoria que tenía que tomar el tren en La Plata y el nombre de la estación en la que debía bajar. En un bollo de papel tenía la dirección de la casa de los viejos de Eleonora. No tenía un buen minuto, si me paraban en la estación los milicos solo por la cara de miedo o preguntaban porque iba a ir a un lugar en medio del campo llamado Álvarez de Toledo no sabía ni que decirles. Mi 
casi novia esta secuestrada y voy a avisarles a los padres que sigue adentro en tal campo no era muy acorde a la época.

Sólo tenía decidido tirar el bollo de papel si veía tipos de uniformes pidiendo documentos, el resto era la mente en blanco o peor aún: llevar las imágenes y el olor de la mazmorra que seguía impregnado en mi cuerpo.

Pero no fui. Apenas vi el edificio de la terminal del Provincial con un Falcón verde estacionado pegue la vuelta. Me quede en casa encerrado durante meses. Como un buen niño de casi 18 años obedecí el ruego de mis padres de estar bajo su mirada protectora.

Después pasó la Universidad; la beca para irme a Estados Unidos. Allá estoy. Establecido en Bonita, un pequeño pueblo de California y con un buen trabajo.

Supe años más adelante que Eleonora estaba viva, que había egresado de su carrera. También se había ido del país. Trabajaba para un organismo internacional para un programa para el rescate y protección del orangután en Tailandia.

Pero es como si el tiempo no hubiera pasado. Es Eleonora y su rostro de niña riéndose de cualquier pavada, incluso de mis chistes malos.

Un día, -de la nada- me dijo: -vos sos pasto para las histéricas.
No hubo otra explicación de ella ni preguntas de mi parte -solo un pequeño silencio- luego seguimos leyendo el texto de Pitirim Sorokin cuyo nombre y apellido nos generaba risueños malentendidos.

Pero lo de "pasto para las histéricas" quedo inamovible, tantas otras cosas fueron a parar al abismo o al olvido, pero aquella frase no. Como un gran enigma sin solución o una profecía que se corroboro con los años en mi propia vida.

Una vez, ya instalado en el centro de investigación y desarrollo genético, propuse la idea de modificar el pasto para lograr una leche vacuna con propiedades para cambiar o suavizar la histeria tanto de hombres como de mujeres.

Mis colegas se rieron largamente, estaban acostumbrados a mis chistes, ni consideraron la posibilidad de que sea un delirio.

-No hay conexión entre perfiles genéticos e histeria.
Además con tantos desafíos por delante quien iba a respaldar que se incluyera un tema como la histeria que parece bien claro de la psicología.

Sin embargo cada tanto y contra casi toda la evidencia disponible vuelvo a insistir con trabajar esa línea. Por esa fe que me quedó en Eleonora a quien le otorgo una lucidez maravillosa o porque creo en las ocurrencias imaginativas y delirantes como fuente de inspiración del conocimiento científico.

Ahora voy a intentar reparar esa parte de mi historia que sigue clavada como una astilla de dolorosa culpa en mi cuerpo. Y verla a Eleonora dando una charla sobre su experiencia en la preservación del orangután. Sucederá en la ciudad cabecera cercana a su pueblo natal.
Tengo una disculpa para darle y -si puedo- le preguntare por lo de "pasto para las histéricas".

Ya saque el ticket, el tren sale en 30 minutos de la terminal del Provincial en La Plata con el curioso nombre de "El amante ingenuo y sentimental".

viernes, 8 de mayo de 2026

Instantáneas en el Provincial

Instantáneas en el Provincial


- SANTIAGO GARBARINI
El profesor ve la alambrada paralela a los rieles. Piensa: "la Argentina fue construida a partir de alambradas, estas: reales y visibles, que parcelan campo en propiedad privada desde los costados de la vía hasta un punto que no deja ver el horizonte. Y las simbólicas que no dejan pensar más allá de esas púas oxidadas".

- BLAS DURAÑONA
Es la medianoche. Han apagado las luces del vagón para que la gente duerma.
Afuera hay luna plena y cielo estrellado, es la luz de la noche la que ilumina el interior del vagón, dibuja formas extrañas según ingresan las sombras de los árboles altos que bordean cada tanto el recorrido. El hombre lee a Saramago gracias a una débil luz individual. Encuentra una frase que lo sacude: "La culpa es un lobo que se come al hijo después de haber devorado al padre".
Piensa en su padre, nacido en un hogar campesino en la Italia de1923. Ese sueño que lo sacudió ya anciano: los lobos se comían a sus ovejas y él no podía hacer nada para evitarlo. Así se despertó, y de esa cara de espanto de su padre, el hombre no se olvida. Piensa en su padre, en él, en sus hijos. En otros padres con sus hijos. Todos acechados y finalmente devorados por la culpa. El espanto no lo deja dormir.
En los sueños de muchos hay aullidos.

- LUCAS MONTEVERDE
Dos novios se dan un beso en el andén. La chica sube al tren.
Beatriz vuelve a decirle "cuando la gente se quiere ver, se ve". Fue la despedida y ocurrió cuando ese hombre que mira era un adolescente de la edad del chico que quedo allí, parado en el andén, viéndola partir.

- EMILIANO REYNOSO
Mientras coloca su maletín en el portaequipaje puede escuchar la frase que llega desde las butacas de atrás: los sueños que tenías a los 20 años se han convertido en pesadillas después de los 50.

- JOSE RAMÓN SOJO
Baja del tren a estirar las piernas. El tren se detendrá pocos minutos.
Cuando volvió a funcionar el tren -se entera en el andén- no había nada fuera de la estación y unos pocos habitantes que se radicaron con el trabajo que genera el ferrocarril. Al poco tiempo construyeron una enorme iglesia, que ocupa una manzana completa. La estación tiene su publicidad en una enorme cartelera: "Pare de sufrir en José Ramón Sojo", mas abajo se leen horarios de culto para la semana.
El hombre abre una pequeña agenda y anota, espero no necesitarlo nunca -se dice- pero por las dudas me llevo esto anotado:
"Reunión de los casos imposibles. Domingos 18 horas."

- ÁLVAREZ DE TOLEDO
Una gitana lee las manos de los recién llegados que la acepten. "Cuídese de la gente que no da nada... y mas aun de los que viven colgados del cuerpo de los otros" le dice al joven que promete no olvidarlo.

- POLVAREDAS
Mira la ventanilla. Por instantes se espeja. Y puede ver, no la extensión de la llanura. Sino la profundidad del desamparo en su mirada.

- JUAN ATUCHA
Sube un hombre, va a cobrar su jubilación a La Plata. Se sienta al lado de otro hombre que escribe en un anotador. El jubilado que puede llamarse Juan o Hilario piensa que su vecino de asiento es escritor.
Le cuenta de su vida: "Hice de todo, de peón de campo a albañil, pero no me olvido de la vida de campo.
Veo a mi padre segando el maíz con guadaña. Criábamos animales, no nos faltaba nada. Era una vida dura pero nunca nos falto para comer. (Levanta la voz, se enoja) pero la gente de la ciudad no tiene nada, porque sin tierra no tenes nada aunque tengas el mejor auto. No saben hacer nada, o si, firmar cheques, mover dinero y joder al que labura." "En la ciudad fui pintor y albañil, hasta que me harte de vivir mal y me fui a vivir al campo. Hágame caso, escriba un libro. Póngale de título Pocho el albañil".
Cada cual construye su épica con lo que tiene, con lo que puede, piensa el hombre que lo escuchó y no quiere decepcionarlo, Pues en su anotador había frases como "maldito enduido interminable" que no se parecen a las formas de un escritor.

- JUAN TRONCONI
Un vendedor ambulante pasa cantando "el amor sobre toda diferencia social, el amor puede más" y desliza una mirada de deseo para unas chicas de la primera fila.

- CARLOS BEGUERIE
Este pueblo tiene vida propia. Resistió el fin del ferrocarril y ahora sus habitantes se miran con orgullo y parecen decirse: aquí estamos, con o sin tren vamos a mantener el pueblo vivo.

- FUNKE
Sólo se ven fantasmas. A todos se los trago la boca inmensa del tiempo.

- LOS EUCALIPTOS
Lucio quiere conocer el lugar donde estaba la chacra del que fue su abuelo.
Lleva una advertencia escrita en un libro de Antonio Dal Masetto: "A todos los que volvieron buscando lo que ya no estaba".

- FRANCISCO A. BERRA
Un hombre viejo vivía en un vagón abandonado que originalmente fue del ferrocarril Santa Fe. El lugar sigue siendo una carbonería que queda a 200 metros de la estación terminal del tren de trocha angosta. Fue ferroviario.
"Entre de pibe, era auxiliar de instalaciones, creo que fue en 1952, un poco antes de la muerte de Evita. Y estaba cuando cerraron el taller, cargaron todo en vagones: máquinas, locomotoras, herramientas, todas apiladas como chatarras, había una máquina que permitía girar y agujerear en 360 grados, hermosa, una belleza, se llevaron todo y nunca supimos adonde".
-Quiero hacer un museo en Berra, -decía mientras pesaba leña de quebracho en "La Mulatiere" Quedo esta balanza para pesar carros. Puede pesar de un gramo a 30 toneladas. Se lee en letras de hierro un nombre que expresa la lejanía de quien la fabricó: B. TRAYVOU CONSTRUCTEUR.
Durante años fue juntando como un ciruja ilustrado los recuerdos ferroviarios que se tiraban a la calle, cuando se cerraban ramales y se vaciaban edificios enteros.
Es el sueño cumplido de Don Tito. La estación que preservo su familia como casa - museo ferroviario vuelve a ser una estación real.

- GOBERNADOR UDAONDO
"La estrella de Udaondo".
El mejor almacén de la zona. El mejor y el único -dice el dueño del boliche, y se ríe con ganas mientras corta fetas de salame para calmar el hambre del viajero.

- LOMA VERDE
En la antigua estación hay un jardín de infantes, desde el patio se oye Al don, al don pirulero, cada cual, cada cual atiende su juego...
El Individualismo burgués, -piensa el profesor- confirmado hasta en antiguas canciones infantiles que persisten.


- ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA
Quisieron hacer una broma y arriba de la palabra "Gómez" pegaron una madera con el mismo tipo y color de letra donde se lee "Diego". Más abajo, los autores pintaron con aerosol una frase para justificar el cambio de nombre: "Cómo usted sabe, la injusticia nos concierne a todos" Diego de la Vega, El Zorro.

- ARANA
Viaja sin respuestas por la vida. El psicólogo que le vuelve a preguntar:
¿Cómo llegaste hasta acá? ¿Cómo?
Y él sin respuesta. Ni siquiera para contestar con una ironía: "en el tren de las 10.40 hs".

- GOBERNADOR GARCIA
Fueron los mismos. Estoy casi seguro. Aquí el cartel original de la estación fue reemplazado por Gobernador Demetrio López García. "Barítono". ¿A quien se le habrá ocurrido? En esta época los jóvenes fueron criados por los Simpson, no por El Zorro o Bonanza.

- LA PLATA
El hombre deja su tarjeta, un modo de dejar su nombre en el recuerdo de otro, en este caso el joven vecino de asiento que ocupaba la ventanilla y que desistió de la indiferencia para conversar. El hombre de la tarjeta tiene 75 años y viaja a recibir su título universitario. Con glaucoma y cataratas a cuestas ha logrado aprobar todas las materias y llegar al mismo título que no pudo lograr su hija, detenida desaparecida por la dictadura. Ese compañero circunstancial de viaje encuentra años después la tarjeta entre papeles apilados y la lee: Alberto Ramón Acosta. Fotógrafo Acosta.