El tren pasó tarde
El tren pasó tarde esta tarde y casi de largo, como si tuviera miedo a perder la vida.
Su calendario es siempre el mismo, fechas y horarios justos.
A veces parece un comensal de tiempos y distancias subido a esa mesa de metales paralelos.
Nunca se sabe quién lo conduce, tampoco quiénes viajan, ni siquiera si son buenos o malos.
Abre sus pequeñas bocas laterales y come y digiere hombres y mujeres a la vez, sin importar su edad.
El tren se mete en el tiempo, recta y curvamente, el mismo tiempo que tardan en regresar las estaciones del año, el mismo tiempo que ve nacer y morir personas.
El tren se alimenta de tiempo, de personas en los andenes, de los suicidas que no pueden más con el tiempo y la vida.
A veces, tengo la sensación que el tren se ríe, otras que llora y otras que parece cansado.
Hay trenes vacíos en algún lugar del mundo.
Me dan pena los trenes vacíos, solos, aburridos, sucios, abandonados al sol y la lluvia, a los yuyos, al óxido mortal de sus bulones.
A veces pienso en los trenes y la liviandad de los pájaros en cada movimiento.
Sé que hay trenes vacíos en algún lugar del mundo y no sé cómo ayudarlos.

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